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Rincones del pueblo

La pequeña Iglesia, en la actualidad muy deteriorada, conserva el encanto de las construcciones tradicionales de la zona.  Cubierta de losa, fachadas de mampostería, paredes con contrafuertes al estilo románico.  Una auténtica construcción pirenaica.

La fuente, un rincón de dulzura y remanso de paz, mientras escuchas el murmullo del agua.

Las pequeñas callejuelas del pueblo, con sus calles empedradas, sus edificios y casas tradicionales, sus fachadas de piedra, y sobre todo, la alegría de sus flores y estupendos rosales.

La antigua escuela y herrería, pendientes de rehabilitar, al igual que la Iglesia.

Las antiguas bordas, típicas de la zona, para la recogida de los frutos del campo.

Y desde los apartamentos, las vistas inmejorables de las imponentes chimeneas, construidas en mampostería, y rematadas con el típico espantabrujas.

Los campos, que combinan la época en la que el ganado está en el pueblo, con la época de recogida de la hierba, los rollos de paja, los verdes prados, los bosques de pinos y roble, los colores del otoño, y como no, los días de nieve.